domingo, 14 de octubre de 2012

Este blog forma parte del proyecto narrativo Cuéntalo Todo, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen dentro de la materia Redacción Universitaria del Departamento de Humanidades, División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco


La espera

Es lunes, son las siete, ¡en la madre, no sonó el despertador y se me hizo tarde! Es la segunda vez  y apenas es día 15,  creo que ahora si me pondrán de patitas en la calle.

Pero… ¿qué me pasa? A pesar de mi demora no hago por levantarme. Sigo tirada en la cama recordando los deliciosos momentos que pase el fin de semana. 

Aun siento sus manos recorrer mi cuerpo. Su barba sobre mi piel, lo que me causa una nueva excitación. En este momento me da igual otra falta.

Me encantaría que terminaran los viajes que hace constantemente a Estados Unidos, y se quedara a dormir para siempre a mi lado.

Me levanto, voy a la cocina y preparo algo para desayunar. Suena el teléfono y corro con la esperanza de que sea él. Contesto. Escucho una voz áspera , es mi jefe. Me desanimo.

Reclama molesto mi ausencia en un día tan importante. Le digo que no me siento bien y visitaré al médico. Me pide que pase a su oficina mañana.

.
Voy al ropero y busco algo decente para ponerme. Tomo el vestido rosa que tanto me gusta. Noto que ya no me queda tan apretado como hace algunos días. Pienso que  los consejos de Lolita, la del archivo, han servido de mucho. Y yo que la tiraba de a loca.


Termino de arreglarme de muy buen humor. Cuando estoy a punto de salir  vuelve a sonar el teléfono. Rápidamente descuelgo. Esperanzada contesto.

Para mi desilusión, es mi madre. No  para de ponerme al tanto de los últimos chismes de la familia:  que si mi prima Rosario salió con su domingo siete; que si el hijo de mi tía Eufrosina tiene varicela; o que a mi tío Arturo lo dejó su esposa porque se fue con su compadre.


Como puedo, logro cortar la plática. Le digo que tengo algo importante que hacer. Me doy cuenta que ya es tarde para ir al  hospital, que está al otro lado de la ciudad.


Espero su llamada, en vano, el resto del  día. Esta incertidumbre me provoca rabia y celos. El tiempo que está en México debe dedicármelo.

¿Será acaso que hay otra mujer...? No, no lo sé, y no me atrevo a cuestionarlo.

Tal vez mañana llame, y ahí estaré como siempre, disponible para él.


3 comentarios:

  1. ¡Ojalá no sea otro caso de una mujer que pasa su vida esperando una llamada telefónica! Cuidado con encabalgamientos como este: "Contesto y me desanima escuchar del otro lado una voz áspera, es mi jefe". ¿Y qué pasa con esto?: "asistiré con el médico". ¿Va a llever a su médico al trabajo? Eso parece. ¿Qué pasa cuando una inversión sintáctica incluye un participio pasivo? "No muy convencido me pide que pase a su oficina mañana". Ojo: "Pero me doy cuenta de que es demasiado tarde [...]". A ver qué nos depara el futuro, es decir: la próxima entrega.

    ResponderEliminar
  2. Hola. Me gustó la historia pero no entendí si son dos entradas o solo una.
    Te hace falta revisar algunos signos de puntuación.

    ResponderEliminar
  3. Hola. Es un poco confuso,parece ser que son tres entradas. Buena historia. Algunos encabalgamientos y signos.

    ResponderEliminar